¿MERECE LA PENA PAGAR MAS POR UN CEE BIEN HECHO?

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Pues como diría un amigo gallego… depende.

Desde que se hizo obligatoria la  inclusión del Certificado de Eficiencia Energética en todas las operaciones de venta o alquiler, no pocos vendedores (pues es a estos a quienes obliga la ley) consideran este certificado como un impuesto más, una carga inútil, otro papel… Esto puede parecer así sobre todo en el mercado de edificios existentes donde, hoy por hoy,  los compradores valoran más aspectos como el precio o la situación y no tanto la calidad de los aislamientos o si existen o no puentes térmicos en fachada. En estos casos, es lógico que se opte por un producto barato y de baja calidad, aún más cuando se suele encargar la elaboración del CEE una vez cerrada la venta y por indicación del notario, es decir, como un mero trámite administrativo. Seguramente, con el tiempo, un comprador más concienciado, o acostumbrado al concepto de Eficiencia Energética, valorará la información que le da un estudio bien hecho pero a día de hoy no es lo más habitual.

En edificios de nueva planta o rehabilitaciones integrales la cosa cambia bastante. Los promotores sí que resaltan la Calificación Energética como un argumento importante de venta y los compradores, cada vez más exigentes, se plantean el ahorro que puede suponerles a la larga una vivienda eficiente, y no solo en gasto energético sino en ahorro de impuestos con bonificaciones de hasta un 20% en el IBI que, lamentablemente,  no todos los Ayuntamientos aplican aún.

Para hacer un Certificado de Eficiencia Energética de calidad, el Técnico ha de desplazarse a la vivienda (no puede hacerse un CEE por teléfono) medir superficies de planta, fachadas, medianeras y huecos, comprobar la composición de cerramientos, carpintería, forjados y cubiertas, medir la orientación de las fachadas y la situación de los edificios colindantes para calcular las sombras que proyectan, tomar datos de las instalaciones existentes de agua caliente, calefacción y aire acondicionado y de su conservación y mantenimiento y, después, con los datos reales tomados «in situ» (no los datos por defecto que emplearán en un CEE “económico”), calcular la Calificación Energética, emitir el informe y llevarlo al registro. Pero, además, propondrá medidas para mejorar  la calificación e incluirá una valoración aproximada de las obras necesarias.

Es fácil ver que, por las cantidades que se están ofreciendo en el mercado, no hay ningún técnico serio que pueda realizar bien este trabajo.

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